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Primera Dama de la República de El Salvador y Secretaria de Inclusión Social, Dra. Vanda Pignato. Señor presidente, Señor secretario General, Señora Directora Ejecutiva del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Señoras y Señores delegados.
Siento una inmensa satisfacción al participar en esta sesión especial en la que nuestra máxima organización multilateral mundial celebra el décimo quinto aniversario de la conferencia internacional sobre la población y el desarrollo y de su principal producción, que ha sido el programa de acción aprobado en aquella oportunidad.
La importancia de aquel acontecimiento en la historia de las naciones unidas es que impuso una visión más amplia, una mirada sistémica de las problemáticas vinculadas a la población y al desarrollo. Sin dudas, aquella conferencia, su debate y legado han constituido un antes y un después en la materia. En efecto, desde entonces –como se señala en el capítulo primero del Programa de Acción de 1994– "cada vez se tiene mayor conciencia de que la población, la pobreza, las modalidades de producción y consumo y el medio ambiente están tan estrechamente interrelacionados que ninguno de esos factores puede considerarse aisladamente".
La problemática del desarrollo ya no se concibió como algo meramente económico, sino que el factor social se tornó constitutivo del concepto mismo de desarrollo. Y, a la par, como causa y efecto de lo anterior, al mismo tiempo, la temática poblacional ya no se vio más como un dato estadístico sobre el que se tejían abstracciones, sino que encarnó definitivamente en los problemas y acontecimientos de las mujeres y hombres del planeta.
La revisión del vínculo del ser humano con su ambiente, que impulsó al ecologismo como corriente mundial; la mirada hacia las llamadas "minorías" y los grupos vulnerables o vulnerados en el interior de las naciones, que incentivó políticas de equidad en el mundo entero; la necesidad del enfoque basado en género incorporado como un elemento esencial de todo análisis de los problemas que aquejan al planeta y de sus soluciones; el concepto de diversidad –no original de ese foro, pero sí revalorizado por él– como un factor cultural de primer orden en la relación entre los seres humanos y entre las naciones y los continentes; la revalorización de la migración internacional como un fenómeno potenciado por la globalización y con un énfasis decisivo en el desarrollo; en fin, el tratamiento lúcido y planetario de éstas y otras grandes temáticas tuvo un alto impacto, que llega hasta nuestros días. Recomendaciones y acuerdos alcanzados entonces forman parte de los insumos esenciales de las políticas públicas de innumerables estados.
Lamentablemente, 15 años han pasado y los resultados concretos de aquel Programa de Acción han avanzado menos y más lentamente que los niveles de conciencia adquirida por las nuevas generaciones en todo el planeta. En ese sentido, esta conmemoración es, a la vez, un urgente recordatorio que nos invita a continuar los esfuerzos hacia el logro de las metas aún pendientes, y es también un llamado de atención a las naciones y sus gobernantes, a las agencias de cooperación y países donantes, para que continuemos los esfuerzos más allá del umbral de los 20 años que trazamos como meta originaria, y logremos colocar su cumplimiento como una realidad efectiva. Esto también requiere solicitar a todos los sectores tanto nacionales como internacionales, a las organizaciones no gubernamentales y demás instituciones, a las academias y a la intelectualidad, para que juntemos los esfuerzos de manera que los saltos producidos en el nivel de la conciencia se traduzcan en acciones que se orienten hacia la formulación, adopción y respeto pleno de los derechos humanos en su concepción integral.
Vengo de una nación pequeña y de una región angustiada por la inequidad, la pobreza, la exclusión, y la limitación de sus recursos, y, al mismo tiempo, asolada por la inseguridad y el delito, por la acción desestabilizadora de las fuerzas del narcotráfico y del crimen organizado.
Lejos estamos, señor presidente, señoras y señores delegados, de alcanzar umbrales mínimos de dignidad en la vida cotidiana, aunque nuestros esfuerzos hoy están seriamente dirigidos a intentar lograr una garantía básica a los derechos humanos en particular, a la alimentación, a la salud, a la educación, y a la vivienda. En pocas palabras, en alcanzar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, con los que el programa de acción tiene profundas coincidencias. Hacemos duros esfuerzos para lograr un comportamiento social basado en el respeto de las diversidades y el cultivo de la tolerancia en todos los órdenes.
Se podría decir que aludo al problema de un país y de una región; que los problemas que brevemente enumero deben ser atendidos y resueltos por nosotros mismos. Eso tiene una parte de razón pero constituye al mismo tiempo un grave error. El problema de una región y de sus pueblos es un problema de toda la comunidad internacional. Las inequidades en el interior de los países y entre las naciones son una materia pendiente y una herida que duele en el cuerpo de la gran mayoría humanista y solidaria del planeta.
Señor presidente, Señor secretario, Señora Directora Ejecutiva, delegadas, delegados:
Tenemos mucha fe en la labor de esta nuestra organización. Por ello mismo es que somos de la idea de que la participación y control de las naciones unidas, a través de sus distintos órganos de ejecución de políticas, debe ser mayor y más protagónica. Particularmente, pienso en el origen y las consecuencias de la crisis financiera internacional desatada hace pocos meses y que golpea tan duramente a naciones más pequeñas y de economías más débiles.
Pero también en materia poblacional, quisiera destacar que nos quedan aún muchísimos esfuerzos por hacer para atender a los derechos humanos de un sector creciente de la sociedad mundial, cual es el de los adultos mayores.
Esta población de personas de edad crece en todos los países, y las políticas de atención y asistencia, y de consideración hacia el desempeño de las mismas en el seno societario, son francamente insuficientes. Es un sector de alta vulnerabilidad que reclama una atención especial, como ya la hemos reconocido para otros sectores o grupos poblacionales. En las Américas hemos dado un primer paso importante que se ubica dentro del ámbito del "derecho blando", al adoptar la declaración de Brasil sobre los derechos de las personas de edad, que es una guía de las acciones que debemos observar, a la cual han seguido tres reuniones, la última de ellas celebrada la semana pasada en Santiago de Chile. En el ámbito universal, adicionalmente, hemos iniciado con la declaración política y el plan de acción internacional de Madrid sobre envejecimiento.
Sé que comparto esta preocupación con la gran mayoría de ustedes y es por ello que quiero aprovechar esta oportunidad, en nombre de el salvador, para que en este ámbito de las naciones unidas demos los pasos necesarios para fortalecer la protección, promoción y reconocimiento pleno de los derechos de las personas de edad.
El Programa de Acción de el Cairo, repito, no ha perdido su actualidad, y adquiere una importancia mayor, a quince años de su aprobación. Nos compete trabajar y sumar esfuerzos para avanzar en su cumplimiento, lo que significa hacer del Programa de Acción una realidad efectiva, y por tanto un respeto permanente de los derechos humanos que guían la acción de nuestra organización multilateral mundial.
Señor presidente, Señor secretario, Señora Directora Ejecutiva, delegadas, delegados:
Agradezco la atención de ustedes a mis palabras.
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